Bárbara I. Abadía-Rexach, hija de Olga Esther y Germán, nació en Fajardo, un 26 de septiembre. Es comunicadora cimarrona y antropóloga activista, lideresa antirracista y afrotransfeminista. Obtuvo un Bachillerato (2001) y una Maestría (2006) en Comunicación de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. Posee un Doctorado (2015) en Antropología Sociocultural de The University of Texas at Austin. Es la autora de AFROfeminista. Raza y mujer en Puerto Rico (Periodística Editorial, 2025) y Musicalizando la raza. La racialización en Puerto Rico a través de la música (Ediciones Puerto, 2012). Ha publicado capítulos, artículos, ensayos y columnas de opinión sobre racialización y matrices de opresión. Combina su activismo político antirracista con la cátedra, pues se desempeña como profesora asociada de AfroLatinidades en San Francisco State University. Es miembra de Colectivo Ilé desde donde co-produce y co-modera el programa de radio NEGRAS. Pertenece al Black Latinas Know Collective.

Arte de la potada del libro por Clara Mercedes García Meléndez
ENTREVISTA DE DIANA ARAMBURU A BÁRBARA ABADÍA-REXACH
La profesora Diana Aramburu conversa con la autora y doctora Bárbara Abadía-Rexach sobre su proceso de releer y curar su obra, la creación de espacios de afrosororidad y el uso de la escritura como ejercicio de cimarronaje consciente y afrosanación.
DA: Tu libro AFROfeminista. Raza y mujer en Puerto Rico es una recopilación de columnas periodísticas previamente publicadas en diferentes medios locales puertorriqueños—como El Nuevo Día, Todas, Revista étnica, entre otros—e internacionales. ¿Cómo fue el proceso de releerte desde este presente, especialmente esas viñetas autoetnográficas? Algunas columnas datan de 2015 y 2016. Por lo tanto, ¿cómo fue el proceso de (re)lectura, escritura y recopilación? ¿Cómo se escogieron las columnas que formarían parte del libro?
BIAR: El releerme en el presente ha sido complicado. En principio, había cosas que no recordaba que había compartido; entonces, tuve que manejar el volver a sentirme vulnerable y expuesta. Reconocer qué heridas siguen abiertas, qué no he sanado todavía. Por otro lado, sentí frustración al repasar las fechas en las que los textos fueron publicados originalmente y reafirmar que, aunque el movimiento antirracista ha avanzado, todavía, queda mucho por hacer. Que las columnas sean atemporales es problemático en tanto nos revelan qué violencias racistas seguimos sobreviviendo hoy en día. Pero, debo admitir que, también, me sentí satisfecha de haberme atrevido a ser una voz que eligió denunciar.
Aunque el proceso de selección fue guiado por los editores de AFROfeminista, yo tuve injerencia en el proceso. En general, escogimos aquellas columnas y escritos que hablaban sobre raza, racismo y asuntos que enfrentan las mujeres negras en Puerto Rico. Revisamos todos los títulos e hicimos una selección preliminar, leímos todo y volvimos a depurar la lista. Hubo consenso, y yo abogué por que un par de textos no se quedaran fuera ya que tienen valor pedagógico. Queríamos que fuesen alrededor de 25 piezas y añadir algunas inéditas que escribí exclusivamente para el proyecto de libro.
A mí, me embargó la inseguridad y dudé muchas veces si compilar textos que ya habían sido publicados tenía sentido, pero los editores me convencieron del valor del libro, lo que agradezco infinitamente. La acogida que ha tenido AFROfeminista me confirma que una no es consciente de la importancia del trabajo que realiza.
DA: El libro se organiza en 6 capítulos: Capítulo 1: “En mi piel, en mis palabras”; Capítulo 2: “Soy voz, memoria y cimarronaje”; Capítulo 3: “Ser mujer, ser negra”; Capítulo 4: “Afro y visible: el peso de la representación”; Capítulo 5: “Fronteras del racismo, puentes de resistencia”; y Capítulo 6: “Afrosanación”. Mientras que el último capítulo lo escribes en febrero de 2025, los primeros 5 capítulos reúnen columnas previamente publicadas. ¿Cómo surgió la decisión de organizar el libro en estos 6 capítulos y bajo estos títulos? Por otro lado, ¿cómo nació la idea para el título del libro, AFROfeminista. Raza y mujer en Puerto Rico?
BIAR: Queríamos empezar con Carta a Anhelo; eso definió la organización y el orden. Yo establecí las categorías y fuimos agrupando las columnas de acuerdo con el tema principal que trataban. Así que empezamos con mi propia experiencia como mujer negra, la puesta en escena del racismo sistémico, las experiencias de otras mujeres negras, la representación y los discursos estereotipados que se perpetúan socialmente y, finalmente, el diálogo con la diáspora. Y yo quise añadir Sankofa para incluir un texto inédito que sirviera de pie forzado para pensar en la afrosanación e invitar a las lectoras a continuar la conversación. Los editores se encargaron de titular de los capítulos. En cuanto al título del libro, AFROfeminista, como me pasó con Musicalizando la raza, mi primer libro, y NEGRAS, el programa de radio en el que he trabajado por más de seis años, llegó. No recuerdo si fue antes o después de haber seleccionado el contenido del libro, pero sigo pensando que era y es el adecuado, que se alinea con mi proceso de afirmación política y en la etapa en la que estoy hoy como mujer negra afrofeminista. El título incluye raza primero porque tiene que ver con lo primero que la gente percibe de mí: mi negritud. Después, mujer en Puerto Rico porque mi escritura, no importa en que espacio geográfico me encuentre, se centra en mi experiencia como persona racializada como negra, entendida como mujer en Puerto Rico. Además, porque quería reafirmar esas dos intersecciones: ser negra y ser mujer dentro de feminismo.
DA: En varias de tus columnas autoetnográficas discutes el pelo—el pelo que se alisa, al que se le dan tratamientos y el derecho a elegir cómo se luce—y el pelo natural; en todo caso, el pelo como arma. Al final de la columna “¡No toque! Conociendo mi cabello afrorrizado” te refieres a la necesidad de crear “un espacio de conversación para educar, sanar, respetar y celebrar” (44). En tus columnas y en este libro, tú creas estos espacios de conversación, pero a nivel político, social y cultural, ¿cómo se están gestando estos espacios decoloniales para descolonizar el pelo y el cuerpo, específicamente esa transformación de cuerpo a cuerpa?
BIAR: Interesantemente, en los más de seis años que llevo produciendo y moderando NEGRAS, el tema del cabello ha sido recurrente. Para las mujeres negras con cabello ensortijado, es una constante de lucha. El cabello es ese lugar que recibe críticas, maltrato y violencia desde la infancia. Así que toca hablar sobre el cabello entre nosotras, y crear nuestros propios espacios para ello. Colectivo Ilé ha dado talleres del cabello como corona y otras lideresas comunitarias antirracistas han provisto espacios de turbanteo consciente.
Para mí, que llevo casi una década con cabello natural, sigue siendo un descubrimiento no solo de mi pelo; también, de mí, cada vez que me miro al espejo o que me peino mis rizos. Hoy, no extraño el alisado y siento que me liberé; sin embargo, sigo viendo fotos mías con el cabello estirado y me gusta lo que veo y he contemplado pasarme blower a ver cuán largo está y cómo me vería ahora que he pasado por otros cambios en mi cuerpa y mi rostro. Entonces, para mí, el cabello es parte de mi proceso de reafirmación como mujer visiblemente negra; a la vez, es parte de mi proceso de aceptación y de sentir orgullo y amor por lo que soy y como soy. Esa sensación me permite salir a la calle con seguridad, sin sentirme menos, aunque haya menosprecio en ciertas miradas. Ya no me importa.
Tan reciente como en el verano de 2024, se aprobó la Ley 106 Contra el Discrimen Por Razón de Estilos de Cabello. La discusión que se generó en las vistas públicas para que se aprobara la ley dan cuenta de cómo el cabello sigue siendo un terreno fértil para, por un lado, conversar sobre racismo antinegro y, por el otro, sostener la resistencia antirracista.
DA: Gran parte de tu trabajo periodístico y académico ha visibilizado el racismo institucionalizado y sistemático en PR. Como planteas en tus columnas, Puerto Rico es un país racista que, al educar sobre la supuesta homogeneidad de las tres razas, ese ideal de la gran familia (pg 84), no se reconoce racista. En “Sororidad negra”, explicas que “[a] través de la educación—desde el nivel primario hasta el universitario—se aprende que somos una mezcla cuasiperfecta de tres razas: indio, español y negro. Así sin más, de forma homogénea, parecería que esa combinación garantiza la inexistencia de la jerarquización que privilegia a las personas no negras en el país” (95). Y esto es solo uno de varios ejemplos del libro en los cuales demuestras cómo ese racismo se ha institucionalizado en PR, por ejemplo en el sistema educativo.
Se habla mucho sobre una educación antirracista, sobre un enfoque más interseccional, pero ¿cómo definirías una educación antirracista? ¿En qué consiste? ¿Cuáles son los cambios que te gustaría ver? ¿En qué espacios (oficiales o no) sí estás viendo este tipo de educación antirracista, una educación que enfatice la Afrodescendencia (pg 85)?
BIAR: Una educación antirracista es aquella que reconoce la existencia del racismo antinegro. Consiste en presentar la historia de la esclavización, desde todos sus ángulos, acompañada de información que valida las fortalezas e inteligencia de las personas que fueron sacadas involuntariamente del continente africano. Consiste en enseñar sobre África como un continente con 54 países y toda su diversidad. Una educación antirracista exhibe imágenes humanizadas y dignas de las personas negras. Enseña sobre los afrosaberes, que las personas negras usaban los trenzados del cabello para hacer mapas, que colocaban semillas en su pelo para poder garantizarse la alimentación y que fraguaban el cimarronaje a través del canto y el baile.
Como persona que recibió educación de Kínder a duodécimo grado en el sistema público de enseñanza de Puerto Rico y que luego completó estudios universitarios en la Universidad de Puerto Rico, me gustaría que se hablara de raza, racialización y racismo, que se enseñara sobre privilegio blanco, colorismo y xenofobia. Me gustaría que la gente entendiera la diferencia entre raza y etnia y que supieran la importancia de pensar la raza como un constructo social político y no biológico.
Recientemente, el Departamento de Educación de Puerto Rico, cuya sede acaba de ser bautizada con el nombre de tres pilares de la educación puertorriqueña, las hermanas negras Celestina, Gregoria y Rafael Cordero Molina, ha incorporado un currículo antirracista. Parte del proyecto, incluye las guías antirracistas “Arrancando mitos de raíz: Guía para una enseñanza antirracista de la herencia africana en Puerto Rico” (2013) y “Sankofa” (2024). En la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras, a pesar de que cursos con temas de raza habían quedado archivados, se aprobó un curso sobre Afrodescendencia; posteriormente, un grado menor sobre el tema en la Facultad de Estudios Generales. A su vez, se han llevado a cabo varios congresos y cuatro cumbres de Afrodescendencia. También, se aprobó la Ley 24 de 2021 para la Erradicación del Racismo y Afirmación de la Afrodescendencia, que designa el 21 de marzo de cada año como el “Día Nacional para la Erradicación del Racismo y Afirmación de la Afrodescendencia”.
De manera que se ven concretizadas varias leyes, iniciativas y proyectos que deben garantizar una educación antirracista a nivel insular.
DA: En la columna “Yo soy negra”, subrayas cómo se ha institucionalizado el racismo en el lenguaje mismo y las (micro)agresiones raciales que se llevan a cabo al utilizar o seguir empleando estas frases. Al final de la columna explicas, “Que el ‘siempre se ha dicho así’ no justifique una agresión racial. Que las palabras ‘negro’ y ‘negra’ no se consideren un insulto. Que, a partir de hoy, se utilice el lenguaje para educar y verbalizar la igualdad racial” (69).
BIAR: Curiosamente, ese texto ha sido bautizado como un poema. Yo no lo escribí como poema porque no escribo poesía y no soy poeta, pero es lindo saber el impacto que han tenido esas líneas sobre racismo lingüístico. Aparentemente, esa columna ayuda a nombrar y a simplificar lo que la teoría complejiza. A pesar de que lo escribí pensando en el contexto de Puerto Rico, “Yo soy Negra” se ha leído en Colombia y ha sido traducido al inglés. Cuando apareció publicada en El Nuevo Día, tuvo miles de reproducciones y recibí muchos comentarios; al salir en AFROfeminista, también, he recibido mensajes poderosos sobre esa columna. Recientemente, una mujer me escribió a: afrofeministapr@gmail.com para decirme que la leyeron al despedir el duelo en el funeral de su mamá, una mujer negra.
DA: En “Mujeres esclavizadas” escribes, “Detrás del ‘no pareces profesora’, se intenta esconder un discurso racista. En mi país racializado, parecería que he traspasado un espacio al que no pertenezco. ¿Por qué las mujeres negras causamos sorpresa en los espacios académicos?” (90). El espacio académico es solo uno de esos espacios en los cuales se invisibiliza a la mujer negra, y como describes en tus columnas, se tienen que adoptar ciertas estrategias para “sobrevivir la negritud en PR” (38). Pienso, por ejemplo, en lo que escribes sobre el pelo, sobre la violencia de género y los feminicidios también. ¿Cuáles son estas estrategias? ¿Cuáles han sido para ti? ¿Cuál ha sido el proceso de pasar de invisibilizar la Negritud (31) a visibilizar y celebrarla?
BIAR: A mí, el escribir me ha salvado. Es mi espacio de catarsis y de denunciar sin tapujos y sin pedir permiso sobre el racismo antinegro. Escribiendo siento que sobrevivo. El espacio radial ha sido otra estrategia de ocupar un espacio que no contempla las voces de las mujeres negras ni sus saberes y aportaciones. Así que en NEGRAS consigo otra estrategia para la afrosanación y afroreparación, mientras se visibilizan las voces de las mujeres negras y se celebra la negritud.
Otra estrategia fundamental es la de crear nuestros propios espacios e iniciativas. Si no lo hacemos nosotras, nadie lo hará. Y necesitamos tener espacios de mujeres negras, visiblemente negras, para ventilar y sanar juntas. Yo he tenido el privilegio de contar con una afrosororidad que me acompaña en el camino, y eso se agradece y atesora. Juntas nos visibilizamos y nos celebramos.
DA: De hecho, visibilizas la conexión entre cómo se invisibiliza a la mujer negra y la violencia de género, los femincidios, y denuncias la epidemia de violencia de género contra las mujeres negras a lo largo del libro. Incluso, das ciertas cifras al final del texto. Dices, “67% de las mujeres y niñas asesinadas en PR, en 2019, fueron mujeres negras. 60% de las víctimas de feminicidios en PR, para el año 2020, fueron mujeres negras” (185). Esta conexión suele quedar fuera de los discursos sobre la violencia de género en Puerto Rico. Desde tu perspectiva, ¿qué se está haciendo desde el activismo afrofeminista para combatir y visibilizar esta epidemia?
BIAR: Las cifras que comparto en el libro son de esfuerzos de investigación realizados por organizaciones no gubernamentales. Ese trabajo de recoger datos que incluyan la variable raza, en muchas instancias, queda en las manos de la Revista étnica, de Kilómetro 0 y de investigaciones académicas. Por eso, es importante el trabajo de Colectivo Ilé, de la Colectiva Feminista en Construcción, organizaciones afrofeministas y de investigadoras afrofeministas que visibilizan las violencias que sufren las mujeres negras en Puerto Rico. Así que desde el activismo afrofeminista se está haciendo el trabajo de visibilizar y proponer formas de combatir la violencia que no hace en el gobierno ni sus instituciones.
DA: En el capítulo 6, “Afrosanación”, escribes, “Este libro es mi manera de rescatar un espacio que se les fue negado a mis ancestras. Este libro es mi forma de reconocer a las que ya no están y de hacerles saber a las que están y a las que vendrán que nos tenemos, que siempre nos hemos tenido y que nunca hemos dejado de ser libres” (190). A lo largo del libro estableces una genealogía de mujeres negras, lo haces a nivel individual—con tu familia, al hablar de tus ancestras o de un tipo de genealogía personal—, pero también creas una genealogía colectiva al hablar en plural. ¿Cuál es la importancia o la función de este gesto? ¿Cuál ha sido el proceso de establecer esa cofradía afrosorora y de crear espacios para la afrosororidad?
BIAR: Yo no estaría aquí respondiendo a estas preguntas si no hubiese sido por la supervivencia de mis ancestras. Por eso, me siento agradecida y estoy en deuda. Crear genealogías biológicas y colectivas sirve para recordar las luchas que han librado las que vinieron antes que nosotras. También, para visibilizarlas y nombrarlas. Que no se nos olvide su existencia.
En mi experiencia, el proceso de establecer cofradías y espacios afrosororos se ha dado orgánicamente. Recuerdo cuando me invitaron a un retiro en Sonoma, CA. Estaba incrédula al recibir la invitación por correo electrónico. La experiencia de estar junto a otras 13 mujeres negras académicas en un mismo espacio fue sanadora. Yo no sabía cuánta falta me hacía tener ese espacio en el que una no se siente ajena ni tiene que explicarse. Entonces, otra vez, son espacios que tenemos que crear nosotras, desde nosotras y para nosotras. La afrosororidad es la medicina que nos sana y que pocas veces aprendemos que es el remedio santo que necesitamos.
DA: ¿Qué significa, o cómo defines, la afrosanación? ¿Qué es para ti y cuál ha sido tu proceso de afrosanación? Como señalas en el libro, la escritura—y este libro—ha sido parte de ese proceso. Dices, “[s]iempre, escribir ha sido mi catarsis, mi proceso de conectar, reconectar(me) (nos). Escribir es mi principal ejercicio de cimarronaje consciente” (20) y subrayas que este libro es precisamente “un proyecto de afrosanación y afrosororidad” (20). ¿Qué papel ha jugado la escritura como “ejercicio de cimarronaje consciente” en tu proceso de afrosanación? ¿Cómo ha cambiado ese proceso en la última década, pensando en que en libro se incluyen columnas del 2015?
BIAR: Para mí, afrosanar es sentirme en paz conmigo misma, con mi cuerpa, con mi pelo, con mi existencia en un mundo que construyó un sistema para esclavizarme y deshumanizarme, que me coloca en la periferia, me exotiza, me hipersexualiza y me criminializa. Afrosanar es poder responder a esta pregunta sin quebrarme y ahogarme en llanto. Es poder nombrar lo que siento, apalabrar mis dolores y traumas y reconocer su origen. Afrosanar es querer romper ese círculo para que otras mujeres negras no tengan que padecer las violencias racistas. Es exgir trato equitativo y humanizado. Es denunciar sin sentirme culpable; es autonombrarme negra parejera y darme permiso para subirle el volumen a mi voz. La voz y la escritura han sido dos vehículos para afrosanar. Es un proceso. No tengo todo resuelto. A veces, una siente que da unos pasitos hacia atrás, pero, otras veces, siente que va avanzado y no está sola. Y a eso le llamo mi ejercicio de cimarronaje consciente.
Al releer AFROfeminista, me doy cuenta de que mi escritura no ha cambiado. Sigue siendo directa y potente. Eso lo celebro con humildad y lo atribuyo a mi proceso de afrosanación.
DA: Este proceso de afrosanación se nota cuando discutes el cabello, el pelo, la decisión de vestir tallas más grandes, etc…, a la vez que abordas la timidez, la vulnerabilidad, etc, junto con tu madre y tu abuela.
BIAR: Yo me doy cuenta de que, aunque tengo mucho que agradecer a mi madre y a mi abuela, soy muy distinta a ellas. Y eso, está bien. Yo he decidido mi propio camino y he escogido mis luchas, armada de las herramientas que he ido encontrando en el camino. Ellas, en sus contextos y en sus tiempos, hicieron lo que pudieron con lo que tenían y como entendían que debían sobrevivir al sexismo, al racismo, al empobrecimiento… Yo, dentro de mi timidez, iba analizando las cosas de otra forma; a la par, actuaba diferente. Aunque parezca contradictorio, esos años de silencios me dotaron de mucha observación y análisis. Hace un tiempo, esas experiencias me convirtieron en la Bárbara que soy hoy, y que se rehúsa a repetir patrones de negociación y conformismo.
DA: Al final del libro, le cedes el espacio a tus lectores “para que reflexione sobre dónde se posiciona y me comparta a qué le convocan estas columnas” (190). ¿Qué es lo que esperas de tus lectores, las personas que ya te han leído o las personas que te están leyendo por primera vez, al encontrarse con el conjunto de estas columnas? ¿Cuál son los pasos (esas acciones) que se pueden dar para la afrosanación y la afroreparación? ¿Qué papel juega la afrodescendencia, reconocer esa afrodescendencia como parte de este proceso?
BIAR: Pedirles que continuáramos la conversación fue un acto genuino, pero del que no tenía expectativas. Para mi sorpresa, he recibido reflexiones, anécdotas, ensayos y muchos mensajes que reafirman que valió la pena exponerme vulnerable. Ha sido maravilloso recibir fotos de personas posando con el libro en sus manos, leyéndolo; poderoso leer cómo mi escritura les ha permitido apalabrar experiencias comunes a las que no les habían puesto nombre. Que me invitaran a un cumpleaños a leer Yo soy Negra (y se leyó en inglés también), que me enviaran fotos y vídeos de niñes y jóvenes en Cali, Colombia, leyendo Yo soy Negra, que un grupo que toca música del Pacífico colombiano me invitara a leer Yo soy Negra mientras sonaba la marimba de chonta, que una amiga de 92 años me dijera que se sintió identificada con mis experiencias, que mi abuela de 92 años leyera AFROfeminista y mi padre leyera partes del libro y les regalara copias a una decena de amigos veteranos de guerra ha sido más de lo que jamás hubiese soñado.
Reconocer que existe racismo antinegro es un logro. Tener la escucha activa y no ponerse a la defensiva cuando se escucha o se lee cómo se manifiesta el racismo antinegro es un logro. Eso es lo que necesitamos para sanar y así contribuimos a afroreparar.
Puerto Rico es una colonia racializada como no-blanca. Nuestra historia colonial nos otorgó la afrodescendencia; eso no se puede negar. Por un lado, hay que aceptar la afrodescendencia; por el otro, entender que existe colorismo y privilegio blanco y que las vidas negras importan. Con eso, ganamos todas y podemos ser un frente común decolonial, afrotransfeminista y antirracista.
References
Abadía-Rexach, Bárbara I. AFROfeminista. Raza y Mujer En Puerto Rico. Periodística Editorial, 2025.